En alguna parte de este enorme universo, envuelto en tinieblas y completamente alejado de aquellas luces que parecían las de una ciudad lejana, Power Man peleaba contra los hijos de las tinieblas, había caído ante ellos, accediendo a sus deseos oscuros y complaciendo al amo de la oscuridad, lloraba sin derramar lagrimas, gritaba liberando grandes cantidades de energía, estaba arrepentido.
Faltaba apenas una semana para celebrar los días santos y, para ser más precisos, el Viernes Santo, el día que Jesús muere crucificado. Era Domingo de Ramos y lo único que ponía de buen humor a Rubén era que Ivonne lo acompañaría a misa. Él estaba interesado en ella pero Ivonne siempre lo rechazaba, pero en esta ocasión era diferente, pues su único interés en este día era que ella estuviera cerca del Señor, no le importaba si a ella no le gustaba él o que si le gustara otro chavo, le interesaba que ella estuviera con el Señor, un poco más cerca de Dios de lo que acostumbra. Rubén quería que Ivonne viviera la Semana Santa como es y él quería estar con ella pues se vive mejor esta época cuando uno está acompañado; o al menos eso pensaba Rubén, pues en años pasados siempre estaba con sus compañeros del coro SAMAT. Llegaron un poco tarde, Ivonne fue a misa pese a su cansancio — ¡Que oso!— Comienza a decir ella — No trajimos un ramo — Rubén le sonrió y le contesto — No te preocupes, yo te aseguro que si, sólo que aun no está arreglado — Con esas palabras él se refería a Ivonne y a él mismo, pues quería que ella siguiera a Dios de corazón y Rubén estaba dispuesto a enseñarle el camino.
El cielo había oscurecido después de la misa, el cambio de horario de verano hizo que esto sucediera más tarde. Entre sus juegos y palabras agresivas Ivonne y Rubén se abrazaron y en ese momento él volvió a escuchar los “pio-pio” de muchos pollitos que le decían a gritos “!Bésala! ¡Bésala!”. A esos pollitos Ivonne ni nadie los podía ver ni escuchar, ella se reía mientras decía cosas que Rubén no escuchaba — No puedo, no lo haré, no quiero… bueno, si quiero pero no — Pensaba Rubén y todos los pollitos hicieron su aparición picando a Rubén por todas partes para presionarlo a que la besara —¿Qué te pasa? Andas ido — Dijo Ivonne — Nada — contestó él y todos los pollitos desaparecieron excepto uno que estaba sobre la cabeza de Ivonne, era el más pequeño que había visto de todos (casi todos tienen el mismo tamaño)y estaba llorando.
Rubén intentó tomar al pollito en sus manos pero este se movía muy rápido e Ivonne le pego en las manos — ¡No me despeines!— dijo ella pero Rubén no le hizo caso y aun intentaba atrapar al pollito. Para cuando Rubén atrapó al pollito Ivonne quedo totalmente despeinada — ¿¡Qué tienes animal!? —.
Cuando Ivonne se fue, Rubén tomó al pollito que había puesto sobre su cabeza y aun seguía llorando — ¿Por qué lloras? — Preguntó Rubén al pollito, este se seco las lagrimas y miró fijamente los ojos de Rubén, pero era inútil, aquello que sea que le doliera no lo dejaba de hacer llorar pero aun así el pollito comenzó a piar — ¡Espera! — Comenzó a decir Rubén con un tono más molesto — No estas así por que no besé a Ivonne… ¿Verdad? Por que el que debería de estar así soy yo y no tu — El pollito negó con la cabeza y empezó a piar de nuevo.
Nuevamente, todos aquellos pollitos que le gritaban a Rubén “Bésala” habían aparecido, entra todos cargaban un huevo pintado de varios colores y lo pusieron en la mano izquierda de Rubén, justo a un lado del pollito que lloraba. Por un instante Rubén recordó que estaba en la calle, no en su cuarto ni en su trabajo donde a veces estaba sólo, estaba en una esquina pues había acompañado a Ivonne a tomar el camión; todas las personas que pasaban cerca lo miraban como si estuviese loco pues sólo Rubén puede ver los pollitos — Pollito madness —pensó él y todos los pollitos desaparecieron en el acto menos aquel que no paraba de llorar.
Ese pollito comenzó a picotear el huevo intentándolo abrir pero no podía — ¿Quieres que lo abra por ti? — preguntó Rubén y el pollito asintió con la cabeza. Rubén dio dos pequeños golpes al huevo contra la pared y lo partió por la mitad, dentro del huevo había un poco de sangre y la cruz que Rubén siempre traía consigo — ¡Esa es mi cruz! — dijo Rubén algo sorprendido al comprobar que no traía la cruz, el pollito se la dio — ¿Quieres que me la ponga? — El pollito nuevamente asintió con la cabeza.
Cuando Rubén hizo eso los árboles comenzaron a estremecerse por las fuertes corrientes de aire que se dejaron sentir, el pollito se aferraba a uno de los dedos de Rubén para no salir volando pero fue inútil, el pollito piaba por ayuda, Rubén alzó las manos para atraparlo pero ya no lo alcanzaba, de nuevo aparecieron los demás pollitos y subieron por el cuerpo de Rubén hasta llegar a sus manos, entre ellos empezaron a subirse sobre los otros para hacer una cadena que lo alcanzara pero el viento era tan fuerte que los tumbó a todos al suelo; sin recordar que estaba en la esquina de una avenida transitada, Rubén se elevó unos metros para alcanzarlo y en el momento en el que lo tocó hubo una gran explosión de luz.
Rubén salió disparado, veía como las nubes se alejaban a gran velocidad hasta que chocó contra el suelo. Se había dado un buen golpe, por unos minutos se quedo acostado sobre el suelo mirando hacia el cielo — ¿Azul? — Se preguntó — ¿No era de noche ya? —. Al notarlo tan raro se paró de inmediato, al echar un vistazo rápidamente se dio cuenta de que no estaba en el mismo lugar que antes, ahora estaba en una especie de desierto, detrás de él había una roca de su mismo tamaño — Bueno, tal vez viaje a través de las dimensiones — pensó y, aunque sabía que su celular no le iba a decir en que dimensión estaba como el que tenía antes, por costumbre lo buscó; metió su amarilla ala entre sus plumas pero sólo alcanzó a tocar sus anaranjadas patas — ¡¿Qué?!— Rubén se asustó — ¡Mi celular se me perdió! — volteó a ver para todos lados pero no lo veía por ninguno — Espera…— Rubén miro sus manos y sus brazos que ahora eran un par de alas amarillas, se asustó tanto que se olvidó del celular por completo, intentó volar pero no pudo, se subió a la roca que estaba de su tamaño y desde lo alto observó un charco y corrió hasta allá, al llegar a la orilla observó su reflejo y Rubén confirmó que se había convertido en un pollito. — ¡Piooooooooooooooooo!— dijo Rubén… no, perdón, pió.
En medio de su desesperación caminó sin rumbo un rato — mínimo hubiera sido de negro para ser “Dark Pollito Kun” (Traducido del piadero que hacía) — de pronto, una moneda cayó al suelo, después otra y otra, todas muy cercas del pollito Rubén — Aquí están tus treinta monedas, ahora largo — un hombre de túnica y largas barbas tomó las manos, al pollito ese hombre le recordaba a un taliban — ¿Iván? — pensó el pollito — ¿Cuál Iván? Perfecto… aun a pesar de mi estado sigo diciendo chistes de mal gusto — pió. — Es lo mejor que hemos hecho — dijo uno de los hombres que aun estaban en el lugar — Lo sé, Herodes lo condenará a muerte — dijo el otro y en medio de carcajadas se fueron.
El pollito se quedó viendo como esos hombres se alejaban — ¿Herodes? — pensó y decidió seguir a esos hombres. En el camino, entre tiendas y casas de piedra, los hombres detuvieron su marcha por una niña de unos seis años de edad, su pelo le llegaba hasta los hombros y usaba una túnica amarillenta, desgastada y sucia, su piel era morena y poseía una gran sonrisa en el rostro, para Rubén, con la forma de pollito era enorme más no se comparaba con los hombres que seguía; la niña abrió una puerta de madera de una de las casas de piedra que daba al patio principal de la vivienda, desde el otro lado del camino aparecieron unos conejos, eran como nueve entre grises, blancos y negros. Ya habían pasado todos pero la niña aun esperaba con la puerta abierta y apareció un décimo conejo, era el más pequeño de todos pero tenía las orejas muy largas y por extraño que parezca, ese conejo no era blanco, sino más bien morado claro; el pollito pensó que era por sus ojos — Tal vez los pollos o vean los colores como son — pensó pero también notaba que ese animalito irradiaba gran alegría, de alguna forma el pollito sentía como ese conejo estaba contento y emocionado — ¡Vamos, conejito! Mañana veremos de nuevo a Jesús de Nazareth — Al escuchar eso el, ahora, corazón de pollo de Rubén dio un vuelco en su interior —¿Jesús? ¿Herodes? Entonces, estos hombres que he seguido, son los sumos sacerdotes Caifas y Anas, y el hombre que estaba con ellos antes era Judas… ¡Acaban de comprar a Jesús! —.
Uno de los sumos sacerdotes dio un paso adelante estorbándole en el camino al conejo — ¿Así que quieres ver a Jesús, el nazareno? — y pateo al conejo — Entonces muera para que estés con el en el infierno — La niña corrió para ayudar a su conejo pero el otro sacerdote la tomo de los hombros y la tiró al suelo. La furia del pollito se encendió. El pollito corrió hasta donde el sacerdote pateaba el conejo — ¡Conejito! — gritaba la niña. Al escuchar todo el alboroto de afuera, el padre de la niña salió para ver que pasaba, al salir vio que la niña jalaba las túnicas de uno de los sacerdotes mientras el otro pateaba al conejo — ¡Hija! — El padre de la niña la levanto del suelo después de que esta cayó, y entre gritos y lloriqueos la metió a la casa — ¡Conejito! — fue lo ultimo que dijo esa niña. El pollito entendía que el hombre no podía hacer nada pues los sacerdotes en ese tiempo eran una gran autoridad y una impertinencia de su parte podría llevarlo a la muerte. Ahora sólo era cuestión del pollito.
El conejo morado estaba ya muy herido, no se podía poner de pie cuando recibió la sexta o séptima patada, cuando el sacerdote se preparaba para dar de nuevo una patada sintió como varios bellos cercas del tobillo fueron arrancados, el pollito estaba ayudando al conejo desde los pies del sacerdote; con el pie que tenía libre se quitó la amenaza de sus pies y el pollito cayó entre el conejo y el molesto sacerdote, abrió las alas en símbolo de protección hacía el conejo. Ahora el sacerdote, sonriendo, pateó al pollo pero en cuanto el pollito se recuperaba, este se paraba y corría a defender al pobre conejo. El sacerdote, preparado para dar una nueva patada, es interrumpido por su compañero — ¡Caifas! Esta anocheciendo, será mejor irnos — El sacerdote escuchó el consejo del otro sacerdote — Se salvaron — Dijo el sacerdote con una mirada de odio en él. El pollito veía el oscuro cielo del anochecer, las estrellas que veía eran más de las que estaba acostumbrado a ver. Cayó desmayado.
— No podrás — Se escuchaba por todos lados la voz de Kokusho, el demonio que siempre seguía y molestaba a Rubén — ¿Para que hacerlo? —. En medio de la oscuridad una luz se enciende en lo alto iluminando una cruz, Power Man se paró, se dio cuenta de que ya no estaba en el cuerpo amarillo de un pollo, estaba de nuevo en su cuerpo, comenzó a caminar hasta la cruz, el sonido de una mujer llorando crecía conforme se acercaba; Al llegar al lugar, notó que sobre la cruz había alguien a quien no podía ver, era un perfil oscuro completamente, en cambio, la mujer que no mostraba su rostro que escondía detrás de unas blancas manos, usaba una túnica blanca vieja, estaba hincada frente a la cruz, ella no se movió ni respondió al sentir a alguien a su lado. — Acércate — decía la voz ronca de la persona que estaba sobre la cruz — ¿Qué… qué pasa? — preguntó Rubén y un largo brazo negro salio de esa persona aventando a Rubén contra el suelo, la mujer, dejando de llorar, se puso de pie y aun sin mostrar su rostro le ofreció su mano a Rubén para que este se pudiera poner de pie — Vamos, Power Man, levántate —. Rubén tomó la mano de la mujer — No vas a poder — la mujer gira su cabeza para mostrar su rostro el cual estaba muy demacrado, como si la piel se le estuviera derritiendo, su mano blanca había desaparecido y en su lugar, Rubén tomaba una huesuda mano; asustado, Rubén soltó la mano de la mujer y dio unos pasos atrás, la persona que estaba sobre la cruz dio un gran saltó para caer frente a él, tomó a Rubén del cuello inmovilizándolo por completo. En medio de altos árboles y el canto de muchos grillos, el pollito despertó sobresaltado y con mucho miedo.
El pollito y el conejo habían estado durmiendo por un par de horas dentro de un pequeño hueco que formaban las raíces de un gran árbol — ¿Cómo llegué aquí? — Se preguntó el pollito, miro detrás de él y vio al pobre conejo morado dormido y muy lastimado a consecuencia de las patadas — Seguro que el conejo me trajo, esta muy lastimado — De repente, el conejo se despertó y se puso de pie rápidamente, miraba hacia lo lejos atento, el pollito le preguntaba sobre lo que pasaba y él empezó a escuchar a lo lejos el gritadera de mucha gente, el conejo levantó las orejas para escuchar mejor, dio unos cuantos saltos en dirección del sonido — Oye, espera, de donde vengo eso que haces se llama “chismear” — El conejo dio la vuelta y agacho la cabeza — ¿Qué? ¿Quieres que suba? — El pollito subió — Bueno, yo no soy chismoso, soy Rubén Brother —. El conejo comenzó a correr.
Llegaron hasta un camino por donde estaba pasando mucha gente con antorchas y trinches, estaban sumamente molestos, el pollito recordó esa escena — Han aprehendido a Jesús — pió. El conejo corrió hasta el frente de la gente pero nunca los alcanzó, era demasiada la gente que ahí estaba y sus heridas no lo dejaban dar lo mejor de sí, fue en la entrada de un gran pueblo donde el cansancio les ganó a los dos.
Al día siguiente, los gritos de la misma gente de la noche anterior despertaban al pollito y al conejo — ¡Crucifíquenlo! ¡Crucifíquenlo! — gritaban. Ellos siguieron a la multitud hasta una gran castillo rodeado de soldados, al cabo de un rato, un hombre gordo salió y calmo al pueblo, el mismo sacerdote que había pateado al conejo hablaba a gritos — Este hombre ha ido en contra del Cesar — pero el gordo no accedía a las peticiones que el pueblo y el sacerdote hacían — ¡Crucifíquenlo! ¡Crucifíquenlo! —.
Había pasado un buen rato desde que habían llegado a aquél lugar, el sol estaba haciendo conejo y pollo asado pero aun así seguían poniendo atención a pesar de lo lejos que se encontraban del lugar. Los soldados subieron a alguien hasta un punto donde todos lo veían, dándole la espalda al pueblo, los soldados rompieron la túnica de aquel hombre y comenzaron a golpearlo con látigos. El pollito y el conejo se llenaban de tristeza y coraje por que sabían que a la persona que golpeaban era Jesús.
Después de semejante castigo lo regresaron con el pueblo y estos se fueron a otro lado.
Ahora el pueblo había llegado a una ciudad donde había un gran castillo más grande que el anterior, el pollito y el conejo los siguieron y en esta ocasión se acercaron más para escuchar mejor — ¿A quien quieren que deje libre? — Gritaba el hombre mas lujoso de todos los que Rubén había visto desde que llego y, tal vez, en toda su vida — A Barrabas o a Jesús? — La gente levantaba sus manos y hacía gran alboroto — A Barrabas, suelta a Barrabas — El tipo lujoso se lavó las manos en un recipiente que parecía de plata — Entonces ¿Qué quieren que haga con este al que llaman Jesús, el Rey? — La gente hacía mucho alboroto — ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! — Entonces los sacerdotes se subieron a un lugar donde toda la gente los veía — Nosotros no tenemos más rey que el Cesar — decía uno — Crucifica a este, merece morir, prohíbe el tributo al Cesar — El hombre al que llamaban Barrabas pasó muy cerca del conejo y del pollito corriendo y gritando algo que el pollito no entendió muy bien pero tradujo sus sonidos por “soy libre, soy libre”. El tipo lujoso había calmado al pueblo y hablaba con el hombre que tenía frente a el de rodillas y custodiado por dos soldados de alto rango — Si tu eres capaz de realizar milagros, quiero que conviertas el agua en vino como dicen y te dejaré en libertad. Soldado, traedme una jarra de agua — Uno de los soldados de ese hombre apareció con una jarra de oro y un vaso, el soldado puso la jarra frente al hombre que estaba de rodillas siguiendo las indicaciones que el lujoso le hacía con el dedo. Al cabo de un minuto el tipo lujoso se agacho a tomar la jarra, se sirvió un poco del liquido que estaba en su interior y termino escupiéndolo en la cara del hombre — ¿Qué es esto? No has convertido el agua en vino como te lo dije ¿No vez que tu vida depende de mi ahora? — Pero el hombre no hablaba ni decía nada. El tipo lujoso aventó el vaso al suelo y le dio la espalda al pueblo.
— ¡Traed la cruz!—
Entre gritos, abucheos y soldados de Herodes, Jesús cargaba la cruz a cuestas, estaba completamente lastimado, débil, hambriento y sediento. El vía crucis pasó justo a un lado del pollito y el conejo que lloraban llenos de coraje e impotencia de no poder hacer nada.
Uno de los soldados que golpeaban a Jesús pasó por un lado del pollito y del conejo, el conejo dio un paso adelante haciendo tropezar al soldado, por el impacto contra el suelo, el soldado perdió su yelmo, el pollito aprovecho para picarle en la cabeza y jalarle el cabello, con una de sus manos el soldado se quito al pollo de la cabeza y lo aventó, él tomo su casco, el pollito se metió dentro del casco para poderlo atacar de nuevo y así pudo ver el rostro del soldado.
El soldado tenía el rostro de Rubén.
El pollito se quedó petrificado al verlo, el soldado metió la mano en su yelmo y saco al pollo, este se quedo en el suelo llorando — ¿Cómo es posible que te haga esto? — se preguntaba el pollito — ¿Por qué lastimo a Jesús? — El conejo, que también lloraba, se acerco al pollito y con ayuda de sus orejas lo subió de nuevo a su cabeza. El pollito no dejaba de llorar, su corazón estaba roto, no pensaba en nada, sólo lloraba.
—¿Por qué señor, por qué te he hecho esto?—
Una gota cayó sobre la cabeza del pollito y al mirar arriba vio a una mujer que lloraba, al verla sabía que a ella le dolía mucho estar ahí, decía algo que su llanto no dejaba entender, a su lado iba un joven que también lloraba pero la consolaba.
— Pio… pio… ¡Mamá! —
Maria estaba destrozada, el pollito estaba sorprendido al ver como esa mujer podía estar soportando ver como maltrataban y llevaban a su muerte a su único hijo — No llores, mamá — pillaba el pollito entre sollozos, el pollito intentaba consolar al conejo a su vez — Fue por eso que ya no corriste ¿Verdad? Prefieres acompañarla en el dolor — pero el conejo siempre estaba en silencio.
El dolor de Maria incrementaba al ver como clavaban a su hijo en la cruz, no gritaba, no podía, Jesús jamás dijo algo para defenderse ni para librarse del dolor, ni como jamás hizo algo para castigar a todos ellos que estaban ahí, disfrutando del espectáculo de su muerte en medio de ladrones como si fuera la lacra del mundo, sentía dolor en su cuerpo, como el que nadie más había sentido, pero el pollito detenía su mirada en los ojos vidriosos de Jesús que, aun estando en lo alto de la cruz desnudo, tenía ese brillo de amor que nunca se apago, el mismo brillo que el pollito había visto desde que lo conoció.
— Perdónalos, Padre, por que no saben lo que hacen —
Jesús murió en la cruz.
Los gritos de dolor de Maria y de las demás mujeres que la acompañaban retumbaban en el corazón del pollito y así como él, el conejo no podía dejar de llorar. El pollito veía como Maria, ya sin fuerzas, se aferraba a la cruz de su hijo, gritaba de dolor, el muchacho que estaba con ella la consolaba pero su dolor también era grande.
El cielo se oscureció, la tierra comenzó a temblar y de pronto a abrirse, toda la gente que se había reunido para ver semejante crueldad comenzaba a correr y a gritar por el miedo, muchos se arrodillaban y gritaban al cielo — Este realmente era el hijo de Dios — El conejo saltaba hacia todas partes para no ser aplastado por la gente, subió al monte donde habían crucificado a Jesús para acompañar a Maria pero ella ya no estaba, sólo estaban los soldados que ahora bajaban el cuerpo de los dos ladrones que murieron a lado de Jesús — Por allá — Dijo el pollito.
El cuerpo de Jesús fue introducido en una especie de cueva que no estaba muy profunda, ese lugar estaba hecho para guardar el cuerpo de alguien y era la primera vez que este era usado. Maria le lloraba por ultima vez al cuerpo de su hijo, el muchacho que la acompañaba la sacó del sepulcro pero ahí dentro aun estaban las demás mujeres que se despedían del Mesías,. El pollito y el conejo también se acercaron para ver a Jesús pero en ese momento les cerraron las puertas del sepulcro dejándolos dentro. El pollito se preocupaba por como le iban a hacer para salir de ahí, el sabía que Jesús resucitaría pero eso no sería sino hasta el tercer día y ya tenía hambre.
En medio de la preocupación, del cansancio y de las heridas que aun le dolían, el pollito se quedó dormido recostado sobre el conejo.
De nuevo, Rubén escuchaba la voz de Kokusho — ¿Lo vez? Está muerto… ¡¿Ese es tu Dios?! Ja ja ¡Que pena me da tu caso! — Aparecieron, en medio de la oscuridad, aquella cruz y aquella mujer con las que había soñado antes, nuevamente lo estaban atacando pero antes de que siquiera lo pudieran tocar apareció una gran luz que los hizo desaparecer — Si vale la pena — decía una voz que confortaba el corazón de Rubén — Nadie te ama como yo… mira la cruz, esa es mi más grande prueba —. El pollito despertó.
Dentro del sepulcro había mucha luz, la piedra que tapaba el acceso había sido removida. El pollito ya no estaba recargado sobre el conejo, este ya no estaba, el pollito salió a buscarlo y lo encontró juntando muchos huevos de colores, pintados con muchos diseños y llorando, pero esta vez de alegría. — Lo sé — dijo el pollito al conejo — El señor a resucitado — El conejo le acercó uno de los huevos, este estaba pintado de color amarillo y tenía la forma de un pollito — ¿Es para mi? ¡Gracias! — ¿Es para mi? ¡Gracias! Pero… ¿Para qué pintas huevos? ¡Hermanitos! — gritó el pollo a su manera. El conejo negó con la cabeza y con sus orejas tomo un huevo y lo aventó contra el suelo, esa acción pasó en cámara lenta para el pollito, se tapó los ojos y sólo escuchó el “crack” del impacto — ¡Asesino! — Pió el pollito, pero el huevo estaba vacío —¿Qué? — El pollito se sorprendió al ver eso — ¿Cómo que dárselos a todos? ¿Para qué? — preguntaba el pollito — ¡Tienes razón! Hay que decirle al mundo que Jesús resucitó, debemos compartir nuestra alegría con los demás… ¡Que el mundo entero se entere que Jesús no está muerto! ¿Qué todo el mundo se entere que Jesús está vivo! ¡Jesús está vivo! —. El conejo tomó una canasta donde le habían llevado una ofrenda a Jesús y que ahora estaba vacía, en ella pusieron todos los huevos, aun el pollito no se había explicado de donde había sacado tantos huevos el conejo pero ya no le dio mucha importancia. Ya habían terminado de cargar todos los huevos dentro de la canasta cuando llegó una mujer corriendo al sepulcro, se asusto al ver que estaba abierto y más cuando observó que estaba vacío, la mujer comenzó a llorar, salió apoyándose en las paredes del sepulcro al verla, el conejo le acercó un huevo — ¿Qué es esto? — preguntó la mujer y el conejo se fue dando la media vuelta, entre él y el pollito arrastraron hasta un lado del sepulcro la canasta donde había más ofrendas, de una de ellas sacaron un cordón con el que ataron al cuello del conejo la canasta su compañero y fueron a la ciudad a repartir la noticia.
Cuando ellos se fueron una luz cegadora apareció frente al sepulcro, el pollito miró hacia atrás y observó que la mujer estaba hincada llorando, después se puso de pie y corrió en la misma dirección que tomaron el pollito y el conejo. Cuando llegaron a la plaza principal de la ciudad la gente estaba extrañada de los regalos que les hacía aquel conejo, en la canasta sólo quedaba el huevo del pollito — Tu ahora no tienes ninguno… ten, te regreso el mío, para que tu también tengas uno — le dijo el pollito al conejo pero este negó con la cabeza y se lo regresaba con las orejas — Si, ya sé que es para mi, pero no quiero que tu te quedes sin nada… bueno, me lo voy a quedar pero… ¿Qué hay de ti? — El conejo miró hacia todos lados buscando a algo, cuando lo encontró con la vista levantó las orejas y saltando fue hasta haya, se dirigía a un hombre que usaba túnicas muy blancas, esa persona estaba con mas hombres y discutían de algo, uno de ellos puso la mano en el costado del primer hombre y todos se hincaron ante él; cuando el conejo llegó con ese hombre jaló sus túnicas con las orejas, el hombre lo miro y le sonrió, el hombre le pidió una bolsa que traía uno de sus compañeros y, para sorpresa de todos sus compañeros, de ella sacó más huevos pintados que puso en la canasta del conejo, el hombre le volvió a sonreír y el conejo regresó con el pollito.
El pollito estaba sorprendido, aquél hombre era Jesús y se acordaba del conejo — Bueno, supongo que uno no necesita ser el hijo de Dios para recordar un conejo morado — pensó el pollo. El conejo puso frente al pollito más huevos con su forma — ¿Y estos? — pió el pollo y de pronto todos los huevos comenzaron a moverse. Uno a un o comenzaron a romperse saliendo de ellos más pollitos, eran los mismos que siempre veía Rubén hasta que sólo faltó uno, aun seguía moviéndose; los demás pollitos se encogieron en hombros y comenzaron a picar el huevo hasta romperlo, de ese huevo salió el pollito que antes lloraba pero esta vez estaba contento y el pollito (el primero de todos) se sorprendió al verlo — ¿Ah? Yo… yo estoy bien ¿Y tu? — preguntó y el pollo pequeño comenzó a piar mucho — Que bueno que estés bien… ¿Eh? ¡Ah! Si, si estoy contento… lo sé, lo sé, El Señor resucitó… — El pollito pequeño busco entre los restos de los cascarones hasta encontrar una vela un poco más grande que el pollo y que tenía la misma forma que el cirio Pascual, la vela grande que esta a un lado del altar, de la capilla a la que Rubén va, con sus orejas el conejo le ayudo a sacarla — Ese es el cirio Pascual… ¿También lo agarraste? — El pollito pequeño negó con la cabeza y el cirio se encendió. Todo quedo claro.
—¡Felices pascuas!— piaron los pollitos en unísono
El pollito miro a su compañero el conejo — Entonces eso significa que tu eres…— Pero antes de que pudiera terminar el conejo afirmaba con la cabeza — Feliz pascua — Le dijo el pollito a su compañero. El conejo dio un salto hacia atrás para descubrir que debajo de él estaba la cruz de Rubén — Mi cruz — dijo el pollito, la tocó y los vientos comenzaron a soplar muy fuerte, todos los pollitos empezaron a volar para todos lados y entre esos iba el compañero del conejo aferrándose a la cruz, entre todo el viento y el choque con los demás pollitos este intentaba ponérsela y cuando lo logró, hubo una gran explosión de luz.
— ¡Rubén! —
El ambiente había cambiado por completo, el pollito ya no estaba en aquella plaza de una ciudad bíblica, donde el piso era de tierra y no de concreto, las casas seguían siendo de piedra pero ahora se le conocen como bloc y la gente ya no usaba caballos como medio de transporte, sino automóviles — Ya me voy, ahí viene mi camión — dijo Ivonne y se despidió de él de beso — ¿Qué te pasa? Andas todo ido — Rápidamente Rubén se recupero — Pio — dijo él — ¡¿Qué?! ¿Por qué le haces así? ¡Pollito! Ja ja ja — Rubén miró sus manos y ya no eran alas, vio su reflejo en el cristal de una ventana del negocio que está detrás de él y ya estaba de nuevo en su cuerpo, ya no era un pollito — Ya me voy, pollito… ja ja… pollito — se despedía Ivonne mientras se subía al camión, ella se fue y Rubén se quedó viendo en la dirección por la que el camión se fue, sonriendo y con todos los pollitos encima de él — Si, pollito… pollito de pascua —.
FIN