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La Coctelera

Rubén Brother

Is watching you!!!

5 Noviembre 2007

Siempre tendrás a donde regresar.

Como todos los años,la noche del2 de Noviembre, a todos los espíritus de los muertos se les permitía regresar con sus familiares a la tierra. No importaba si estos espíritus estuvieran en el cielo o en el infierno, todos podían regresar, sólo había una condición: Ninguno podía hablar con algun vivo, mejor dicho, no podían comunicarse con los vivos para que ellos no supieran como estaban las cosas despues de morir.
En el mundo de los muertos estaban de fiesta, comenzaban a saborear los platillos que sus familiares pondrían es sus altares de muertos, hablaban sobre las cosas que les gustaba hacer en vida. Todos estaban de fiesta excepto un alma, la de Juan Darien. Darien había muerto hace varios años a manos de los pueblerinos de su localidad por que todos ellos sospechaban que él era realmente la cría de un tigre que después se comería a los aldeanos, lo ataron a una fogata mientras que a su madre la encerraron en su casa para que no pudiera ayudar a su hijo.
La madre de Juan Darien había perdido a su hijo cuando lo dio a luz, una serpiente se le hacercó y le ofreció la cria de un tigre puesto que la madre del cachorro había muerto cuando este nacio. Con el tiempo el tigre tomo caracteristicas humanas. La gente del pueblo se dio cuenta de eso y, por ser un peligro, lo quemaron vivo.
Ahora que él estaba muerto, los aldeanos no querían que regresara a su pueblo por motivo de las fechas del Día de Muertos así que en sus altares ponían pequeños muñecos fabricados con harina de maíz y masorcas que representaban a guardianes que protegían el altar de Juan, como arma se les daba una piedra a cada uno y así este no se podía acercar a ellos. Aunque los familiares muertos sabían que Juan Darien no eran malos, estos noo podían hablar con los vivos.
En el mundo de los muertos llegó la hora para regresar al de los vivos y Juan Darien, quien gozaba de estara a un lado de la gloria de Dios y verlo a los ojos le dijo suplicante —Señor mío, no me permitas regresar, mira que todos los pueblerinos no me quieren y ponen en sus altares guardianes para que yo no me acerque, es triste para mi regresar; además, cuando voy a la casa de mi madre, esta nunca esta... yo no tengo a donde regresar... Por favor, Señor— Pero Dios no debía dejar ningu alma en el cielo ese día —Mi promesa se debe de cumplir, al llegar aquía todos ustedes les dije que podrían regresar a sus familias una vez al año y no debo de quebrantarla— Mas sin embargo Juan Darien siguió insistiendo a lo que Dios le contestó — Ve — Era obvio que Juan Darien no desobedecería las ordenes de Dios.
Cuando llegó al mundo de los vivos, podía ver las luces de las velas sobre los altares, a su nariz llegaba el aroma de Mole, su platillo favorito; y las piedras que los guardianes le arrojaban. Aunque para los vivos los guardianes eran muñecos del tamaño de la palma de su mano, para Darien eran del tamaño de niños de 10 años que podían arrojar enormes piedras que aparecían mágicamente. Para Juan no era un problema deshacerse de ellos, sus instintos de caza de tigre aun los mantenía, pero a él no le gustaba pelear contra ellos.
Tristemente caminó hasta su casa y, como todos los años, su casa estaba sola y cerrada con llave, llorando se dejó caer sobre el suelo y decidió esperar ahí hasta que fuera la hora de regresar. Darien se quedó dormido por un buen tiempo y fue una enorme piedra la que lo despertó, frente a él había cinco guardianes dispuestos a arrojarle una piedra. Todos ellos arrojaron su arma y Juan Darien sólo movió los brazos para protegerse pero nunca le pegaron esas piedras. Ahora, entre él y los guardianes, había un sexto guardian enorme cubriendolo de los ataques con las manos extendidas, la diferencia de este guardían era que medía dos metros de alto.
El enorme guardían convocó mágicamente una roca y la arrojó contra los agresores de Juan, tres de ellos fueron aplastados por la enorme roca mientras que los otros dos salieron corriendo. El enorme guardian se giró para mirar a Juan aun en el suelo, con su enorme mano y sus dedos de granos de mazorca, lo tomó y lo apretó contra su hombro y se lo llevó fuera del pueblo, entre los arboles y algunas montañas. Juan Darien intentó escapar pero era imposible, el guardian lo había llevado a un lugar en medio del bosque donde había muchas luces danzando, conforme se iban acercando, Juan vio a otros dos enormes guardianes que le abrieron el paso al primero y después un enorme altar, con muchas velas, demasiada comida y bebida y un retrato en lo alto que el brillo de las velas no dejaba ver de quien era.
El guardian soltó a Juan Darien en el suelo, curioso este se elevó hasta la altura del retrato y vió en él una fotografia de él mismo cuando tenía cinco años, su madre a un lado de él y al fondo, la tumba del hijo que la madre había perdido. — ¿Juan Darien? ¿Hijito mío? — La voz que guardaba un nudo en la garganta de una mujer se escuchó al pie del altar, ella lloró al ver que el retrato se había movido por si solo. Juan Darien vio que la mujer que lloraba era su madre.
Juan Darien bajó hasta ponerse a un lado de ella, le dio un abrazo con sus brazos fantasmales mientras él también lloraba. Había encontrado un altar para él, después de todos estos años, Juan Darien tenía un altar —¿Por qué no le dices nada?— la voz como trueno de Dios se escuchó en todo el bosque sucumbiendo algunos árboles —Pero no lo tengo permitido— Un frío viento sopló sobre el bosque —¡Mamá!— La madre de Juan Darien levantó la vista para ver el porta retratos que aun flotaba en el aire —¡Realmente eres tu, hijo! Pero ¿Por qué nunca habías venido?— Juan Darien la abrazó una vez más —Yo pensé que no tenía un altar, pensaba que te habías olvidado de mi, pensé que no tenía a donde regresar— La madre de Darien tomó el retrato —Pero, hijito, tu siempre tendras a donde regresar, por eso soy tu madre.— La señora intentaba contener las lagrimas yentre sollozos decía —Pensé que tu ya no regresabas por que la gente del pueblo te había tratado mal y te daba la razón, ellos mismos no me dejaban poner tu altar en nuestra casa por que no te querían ver de regreso y hasta hicieron esos guardianes para protegerse de ti... aun estando muerto!— Juan Darien miró a los guardianes que estaban sobre su altar —¿Y estos?— La señorá los tomó también entre sus manos —Yo fabriqué a estos para que te buscaran y te protegieran de los otros guardianes, por eso son más grandes—.
Juan Darien miró la luna que brillaba en lo alto, sabía que el momento de irse estaba por sucedery se lo dijo a su madre — Lo sé, tu ya no eres de este mundo — Las almas se elevaron al cielo y desaparecían poco a poco — Mamá... tengo que irme — Dijo Juan Darien y ni él ni su madre pudieron contener las lagrimas de la tristeza de esa partida —¿Y tu a donde vas?— La voz de Dios se escuchó de nuevo —¿Acaso una noche es suficiente para ti y tu madre?—. Juan Darien regresó al pie del altar y abrazó de nuevo a su madre.
Fue hasta la siguiente noche cuando Juan Darien tuvo que dejar al fin el mundo de los vivos y como la noche anteriror, las lagrimas no dejaban de caer en la tierra de ese bosque — Pero, Mamá ¿Por qué no le has hecho un altar a tu otro hijo?— Preguntó Juan —Cuando tu eras muy niño, me ayudabas a contruir su altar, ahora él me ayudo a construir el tuyo— La madre de Juan Darien rompió en llanto sobre el altar — No te preocupes, mamá, regresaré el otro año ¿Verdad que me volveras a hacer un altar?— La madre de rodillas en el suelo le contestaba — Claro, tu siempre tendras a donde regresar, por que por eso soy tu madre—.

FIN

Espero les haya gustado!!!

servido por Rubén Brother 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

soniachan

soniachan dijo

de nnuevo hahaha
me encanto la historiaa
sipi
muy buena
saludosss

tq
baeee

5 Noviembre 2007 | 09:36 PM

idalita

idalita dijo

si si si esta

bien padre la

story

muy bueno

si que si

saludillos

13 Noviembre 2007 | 01:14 AM

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