CAPITULO 3: El primer día
En una tibia noche del mes de Agosto, la tranquilidad de una de las calles del centro de Monterrey era interrumpida por el sonido de disparos, lo que sucedía era algo poco visto en este lugar, una camioneta de lujo a toda velocidad perseguida por varias unidades de la policía federal. Los tripulantes de la camioneta de color verde habían abierto fuego contra sus perseguidores después de haber secuestrado a una importante persona de negocios vinculada con el narcotráfico. Una de las unidades apenas si había podido dar con la camioneta después de buscarla por unos 45 minutos alrededor del lugar donde sucedió el secuestro —Sigue disparando— Decía uno de los tripulantes de la camioneta y su compañero obedecía. La camioneta se acercaba a una de las arterias de la ciudad por donde había mayor afluencia de vehículos y no tenían pensado detenerse, faltaban escasos cinco minutos para que dieran las doce de la noche y aunque bien, esa avenida ya no tenía el mismo trafico de hace tres horas, era una de las principales vías por donde regresaba mucha gente de sus trabajos y aun estaban en peligro esas pocas personas —¡No te detengas, sigue disparando, ojete! — decía la misma voz —espera un momento, tengo que cargar el arma — decía su compañero que toda la noche había guardado silencio y que, con mucha paciencia, cargaba el arma larga conocida como “cuerno de chivo”.
Una vez más, el criminal abriría fuego contra sus seguidores que empezaban a contestar tal agresión; ahora era mas difícil mantener la batalla pues los policías eran alrededor de tres los que disparaban al mismo tiempo y con municiones que parecían infinitas, el criminal de paño negro mete a la camioneta su arma, toma un respiro para descansar un poco pese a la presión que sus compañeros exigían como si no escucharan la constante lluvia de balas que… — se detuvo, es el momento — sin pensarlo dos veces, el criminal tomo su arma salió por la ventana derecha de la camioneta pero alguien le a arrebatado el arma, desde adentro sus compañeros presionan —¡Vamos! ¿Qué esperas?— dijo uno de ellos que volteo para mirar sólo como salía por la ventana como si algo lo chupara hacía afuera — ¿Qué demonios…?— La camioneta da un repentino freno y esta se detiene después de patinar sobre el asfalto — ¿Quién es ese muchacho? — Decía el conductor de la camioneta mientras le pitaba — lo matare — nuevamente arranco la camioneta, frente a ella estaba Power Man con su paño en la cabeza y sus lentes oscuros.
El viento era más frío, era una señal de que iba a llover tal vez al día siguiente, Power Man traía sólo una playera blanca con el dibujo de una lagartija y el nombre del municipio de Mazatlán, él se arrepintió de no haberse puesto el suéter que dejó en su casa después de la misa de ese Domingo, no podía hacer nada, dio un paso delante y puso sus manos frente a él para detener la camioneta que lo quería arrollar. Por la ventana salió el conductor del vehículo con un arma de fuego pequeña — ¡¿Qué estas haciendo?! — y activo su arma varias veces sin tener éxito — mala puntería — se dijo a si mismo; por el otro lado salió el tercero de los tripulantes con una cuerno de chivo y comenzó a disparar repetidas veces al muchacho pero nada, Power Man ni siquiera se movía por efecto del impacto. Las unidades de la policía rodearon el lugar, los agentes bajaron de sus vehículos y se protegieron detrás de ellos apuntando con sus armas los dos maleantes —Tiren sus armas— decía la voz de uno de los policías que era aumentada con un megáfono —Usted, salga de la camioneta— El conductor de la camioneta descendió de ella con el secuestrado como rehén apuntando su arma a la cabeza de este — ¡Si no nos dejan ir, mato a este desgraciado!— Power Man estaba en una situación critica, jamás había pensado en como podría hacerle para detener a alguien que tenia a un rehén, tenía la esperanza de que los policías supieran como hacerlo pero para sus desgracia nadie se movía ni decía nada, ni los criminales ni los policías cedían a lo que los otros decían. Debía de actuar él
Sin decir nada aun Power Man voló tan alto que nadie de los que estaban en esa escena podía verlo, los criminales miraron el cielo por un rato pero después miraban a los policías quienes empezaban a aprovechar la confusión para moverse, en forma de advertencia el chofer dio un disparo al aire el cual vino a parar en el pie de Power Man, todo volvió a la misma tensa situación. Los policías empezaban a librar el paso cuando Power Man bajó rápidamente y golpeo al chofer en la nuca, justo un momento antes de que pudiera subir de nuevo a la camioneta, este cayó desmayado librando al rehén; el otro criminal subió a la camioneta y aceleró a toda velocidad en medio de los disparos de los policías, Power Man alcanzó a golpear fuertemente la parte trasera del vehículo haciendo que este se volteara, los policías se acercaron hasta la camioneta y sacaron al criminal de su escondite. Era hora de irse, la situación había sido neutralizada y Rubén tendría que ir al día siguiente a su primer día en la prepa.
Aun con la desvelada de la noche anterior Rubén no tenía nada de sueño, veía el noticiero mientras desayunaba un paquete de galletas y un vaso de leche, en el noticiero pasaban la nota de los tres detenidos gracias a Power Man y como serían castigados, su madre, mientras, le decía que debía de poner mucha atención ahora, que la prepa era mas difícil que la secundaria y por la mente del muchacho pasaban otro tanto de cosas — es la primera vez que me levanto tan temprano… las cinco de la mañana, cuando estaba en la secundaria me levantaba a las seis y a esa hora me voy a ir, en esos días me daba mucho sueño ¿Por qué ahora no tengo? Será por la emoción… En fin—.
Rubén se despidió de su madre quien lo veía desde la puerta de la casa, Rubén caminaba en dirección a la parada del camión pero en lugar de irse en el transporte decidió hacerlo volando, como las calles de la colonia no estaban tan transitadas dio un salto al final de la calle Galileo, donde él vive, cayendo al suelo —lo olvidé, no los puedo usar de esa manera — Rubén recordó lo que Dios le había dicho acerca de sus poderes. Una vez en el camión empezaba a darle sueño, no quería dormirse por miedo de pasarse pero el sueño lo venció. Para su fortuna Rubén no se pasó del lugar donde tenía que bajarse en esa esquina donde hay una óptica, tenía que cruzar la avenida Universidad la cual ya tenía buen trafico para la hora que era y caminó un tramo de varios metros hasta la entrada de la prepa, en el camino veía a varios estudiantes, sabía que todos eran de nuevo ingreso pues los demás de los otros semestres entraban hasta dentro de un mes. Al entrar en las instalaciones de la prepa pasó por un lado de la cafetería, cruzó la pequeña plaza central donde se escuchaban los pájaros cantar en lo alto de los frondosos árboles y llegó hasta las escaleras, las mismas que había subido para después encontrarse con su ex novia.
Rubén no sabía a donde tenía que irse, miro a la derecha y después a la izquierda y fue en ese momento que se dio cuenta de que los salones tenían el numero del grupo pegado por fuera a un lado de la puerta, vio el número uno y caminó hacía esa dirección, pues el se dirigía hacia el grupo 3. Al llegar al salón que era el que estaba en medio de los de todos los que estaban en el primer piso de la prepa en ese lado del edificio observo hacía todos lados, primero buscando a Rebeca y al no encontrarla, busco un banco, se sentó en el tercer banco de atrás para adelante y en la segunda fila empezando desde la entrada; aparte de él sólo había otros tres alumnos a los cuales no les puso mucha atención, con el tiempo llegarían más y Rubén esperaba ver a Rebeca pero ella no entraba, sacó una libreta para hacer dibujos por la parte de atrás y de nuevo levantó la vista para ver quien era la persona que entraba. Rubén quedó maravillado con la mujer que pasaba frente a él, era delgada, con una gran sonrisa, el pelo es negro y usaba dos churros por delante y una especie de trenza por detrás la cual le llegaba un poco más debajo de la nuca — ¡Señor! — comenzó a orar Rubén — que se siente a un lado de mi ¿Si? — y miraba hacía adelante, veía como ella miraba hacía todos lados buscando un buen lugar y Rubén continuaba orando — por favor, por favor, por favor— Ella comenzó a caminar por el pasillo que se formaba entre la segunda y tercer fila de bancos — por favor, por favor, por favor— seguía diciendo Rubén, ella pasó por un lado de él y se sentó justo en el banco de atrás —Gracias, Gracias, Gracias— Oro finalmente Rubén, ahora el problema era como hablarle.
Inmediatamente sintió una gran cantidad de energía como cuando se aparecieron los Prototype, se acercaba lentamente, estaba fuera del salón, Rubén ponía atención para ver si alguien entraba y fue cuando apareció una muchacha de baja estatura, de piel muy blanca y pelo chino güero, era muy bonita y como si estuviese buscando algo de mucho valor miraba hacía todos lados, fue en ese momento que sus ojos se cruzaron con los de Rubén , se miraron fijamente unos segundo y después ella caminó hasta su banco ubicado a dos filas después de la que estaba sentado Rubén y en el cuarto banco de atrás para delante —¿Quién es ella? Siento como si fuera alguno de esos tipos con los que pelee la vez pasada, además siento que la conozco desde hace mucho tiempo… estoy seguro de que nunca antes en mi vida la había visto… No sé—.
El grupo 3 estaba casi completo, Rubén dudaría de esa afirmación de no ser por que Rebeca aun no llega pues no sabe cuantos alumnos estén en el mismo salón pero si sabía que su ex novia estaba con él. Rebeca llegó. Rubén quería platicar con ella pero no había lugares desocupados cerca de ella y el primer maestro no tardó mucho en entrar, era gordo y con una cara de cretino, tenía una expresión de desvelado y entró sin decir nada, puso sus cosas sobre el viejo escritorio que se encontraba del otro lado del aula y escribió su nombre en el pizarrón Alberto Rodríguez Salazar seguido de su materia a impartir Matemáticas —¿QUÉ?— pensó Rubén — Son las siete de la mañana, tengo mucho sueño y la primer materia que me toca es matemáticas. Señor mío y Dios mío—.
El maestro comenzó a hablar.
—Buenos días, muchachos. Yo voy a ser su maestro de matemáticas durante los cursos propedéuticos. Quiero decirles algo antes de empezar con todo lo que esto implica, ustedes ya son unos jóvenes y no unos niños como los de secundaria, aquí venimos a estudiar y no a jugar, en la secundaria los maestros no les decían nada pero aquí, la indisciplina, puede ocasionar su baja.
De pronto Rubén recordó el discurso que le dio un maestro cuando entró a la secundaria “Ustedes ya son unos jóvenes y no unos niños como en la primaria…” —¿Dónde había escuchado eso antes?— se preguntó Rubén. El maestro sacó su libro del maletín que traía consigo y comenzó la clase.
Al terminar la clase de matemáticas llegó una maestra, era una señora de unos cuarenta años, su pelo era güero pintado, traía unos pequeños lentes y un vestido que recordaba los uniformes de las maestras que Rubén tuvo en la primaria, estaba algo pasada de peso como la mayoría de las maestras y denotaba una gran alegría en su rostro — Buenos días, jóvenes — entro diciendo mientras caminaba rápidamente a sentarse detrás del escritorio — Yo voy a ser su maestra de orientación— y en un buen rato la mujer no paró de hablar.
Un poco después de las once de la mañana la maestra termino de dar su clase la cual se trató sobre varias instalaciones de la Universidad de Nuevo León; Rebeca estaba parada frente a la puerta esperando que Rubén saliera para irse con él. En el camino hablaron sobre lo que pasó aquel día cuando salieron esos tipos desconocidos, Rubén no le comento nada acerca de la chava del salón, prefirió guardarlo para él, le contó sobre como había detenido a los secuestradores la noche anterior y ella hablaba sobre sus días de vacaciones, había hecho lo mismo de siempre: ir con sus tías, su abuela y con su mamá a la lotería, además de que en esta ocasión tuvo mucho trabajo en su casa pues su madre se había quebrado el brazo hace mucho tiempo, desde que eran novios, y aun no se recuperaba por un problema de salud aparte.
Durante los siguientes días las clases fueron iguales, comenzaba a ser aburrida la prepa, Rubén aun no le hablaba a alguien más que a Rebeca pero eso cambiaría el miércoles de la segunda semana de los cursos. Fue en una clase de orientación cuando la maestra pidió que hicieran una clase de lo que venía en el libro, debían de juntarse en equipos de cuatro y sin pensarlo dos veces Rubén volteo hacía atrás para decirle a la chava —¿Nos juntamos?— ella de una manera muy amable acepto — pero también están ellas dos con nosotros— dijo ella y dejó ver a sus compañeras —ella es Laura — laura era la más delgada de las tres, también la que tenía el pelo más largo y era muy sería, ella sólo se limitó a decir “Hola” y mover la mano —después esta Mónica Jazmín — Mónica era de piel morena, con el pelo algo largo pero lo traía agarrado en una cola, era completamente liso su pelo y negro —Mi hermana también se llama Mónica— dijo Rubén — Ah… mira, que casualidad ¿Cómo te llamas tu? — Pregunto Mónica y Rubén le contesto. — Y por ultimo, mi nombre es Flor. Mucho gusto, Rubén—. Ahora que Rubén tenía su equipo completo y tenía un dialogo con Flor era mejor ponerse a trabajar, uno de sus compañeros de clase fue a la papelería para comprar pliegos de papel para dar la clase, el equipo de Rubén coopero para comprar dos para ellos, anotaron lo más importante en ellos y empezaron a estudiar la clase, no podían estar leyendo nada, tenían que decir de memoria las cosas y Rubén no era muy bueno para memorizar, pero como lo que tenía que decir no era obligatorio que fuera como decía en el libro, sólo bastaba con entender algo de lo que hablaría y después sería su imaginación la que le daría las palabras, era un experto en inventar historias y decir mentiras; en cambio Flor se esforzaba demasiado pues no podía aprenderse nada, en su mano se anotó palabras clave con las cuales se acordaría de las cosas si en el momento se le olvidaban, Mónica escribió lo que iba a decir detrás del pliego de papel y Laura fue la única que se aprendió todo lo que iba a decir. La clase salió bien, Flor recordó todo lo que iba a decir, Rubén no tuvo problemas en decir mucho sobre lo que el libro decía, a Mónica no la descubrieron y Laura fue la que menos sufrió al frente, excepto que sentía pena hablar, como lo dije, se veía que era muy seria.
En la salida Rebeca no esperó a Rubén pero eso no le importó ya que iba acompañado de Flor y sus otras dos amigas, toda la mañana había estado distraído con ella así que ni se acordó de la extraña chava hasta que no pasó por delante de él. Rubén y Flor se despidieron después de cruzar la avenida Universidad —Hasta mañana—.
anto dijo
hola, joder con el pollito, le he puesto para que
pique, pero al final creo que le gusta
piar, te he leído algo pero
entre que se me jun-
tan las letras
y el pollo
no me
vea,
gracias
por vuestro
comentario. chao
7 Febrero 2008 | 09:31 PM